Romería de San Roque

La Romería de San Roque de Garachico se celebra cada año el 16 de agosto. No es tan solo una fiesta más, es una cita con un santo que forma parte del sentir de un pueblo.

 

El despertar del 16 de agosto en Garachico es distinto al del resto del año. El silencio que reina en las calles del pueblo se rompe al grito de “¡Viva San Roquito!” al ritmo de la Fanfarria Juvenil de Garachico. Quien lo escucha por primera vez, medio adormilado, no siempre entiende lo que está pasando. Quien lleva toda la vida escuchándolo sabe que por fin ha llegado el día que llevaban esperando desde hace un año: el día de la Romería de San Roque.

 

Si le preguntan a alguien de Garachico por qué se viven así estas fiestas, es probable que le cueste dar una respuesta racional. Es algo que se mama desde la cuna, compartido con la familia, los amigos y los vecinos desde siempre. Un sentimiento de ilusión colectivo que solo se comprende viviéndolo. Les invitamos a sumarse a la fiesta y a compartirla con nosotros.

La devoción a San Roque en Garachico

Para entender la devoción que Garachico le profesa a San Roque hay que remontarse al siglo XVII. Tenerife estaba azotada por una epidemia de peste y los vecinos de Garachico se encomendaron a San Roque de Montpellier, patrono de los enfermos y protector frente a las epidemias. Tras la erradicación de la peste, le atribuyeron el milagro y construyeron una ermita en su honor. Desde entonces, cada 16 de agosto le agradecen su intercesión con una romería.

Un santo que el pueblo lleva sobre sus hombros

San Roque no es un santo inaccesible situado en lo alto de un altar. Es la imagen que el pueblo carga sobre sus hombros cada 16 de agosto. Esa que un niño observa con curiosidad mientras ve a su padre o a su abuelo portarla con devoción, y que con el tiempo terminará cargando él mismo, sintiendo el peso, el calor de agosto y el sudor bajo el chaleco de lana, deseando que el recorrido no acabe nunca.

 

Hay cargadores que llevan toda una vida bajo las andas: unos por una promesa familiar al santo, otros por herencia. Todos comparten el mismo orgullo y la misma devoción.

 

Esa relación tan próxima con el santo ha hecho que se le celebre de una manera especial y cariñosa, al grito de “¡Viva San Roquito!”. San Roque forma parte de la identidad del pueblo: por eso es su Patrono y su Alcalde Perpetuo.

Los ajijides y las cintas de colores

Ermita de San Roque decorada para las fiestas

La Romería de San Roque está llena de color y suena de una manera muy particular, al ritmo de tambores y ajijides. Son gritos jubilosos de origen prehispánico que consisten en repetir sonidos cortos, como “ji”, para marcar el ritmo de los bailes o acompañar los cantos tradicionales. Estos sonidos se relacionan con la cultura amazig y también pueden escucharse en algunas celebraciones religiosas de Canarias, como la Bajada de la Virgen de El Hierro.

 

El color lo aportan las cintas de las promesas que cuelgan del palo de peregrino de San Roque, regaladas por quienes le han pedido su intercesión y ayuda; la nube de pétalos de flores que bañan al santo a su paso por las calles; y los tejidos de colores de los trajes de peregrinos y romeros.

Todo empieza mucho antes del 16

Las Fiestas de San Roque arrancan a finales de julio con el pregón, pero saltan a la calle el primer sábado de agosto con la Romería Chica. La llaman “chica” comparada con la del día grande, pero de pequeña no tiene nada: las calles se llenan de carros, carretas, parrandas y vecinos ataviados con sus trajes típicos, a pesar del calor.

El viernes siguiente llega la Fiesta de las Tradiciones, que celebra su LXIV edición en 2026. En la Glorieta de San Francisco, frente al hotel, se instala el escenario por el que pasan grupos folclóricos de todas las islas para presentar su repertorio de isas, folías y malagueñas, acompañados de grupos de bailes tradicionales. Después se proclama a la Romera Mayor y se hace la ofrenda floral a San Roque, ante un público que lleva viéndolo toda la vida y al que, aun así, el momento sigue emocionando.

 

Al día siguiente se celebra el Baile de Magos. La plaza de la Libertad se llena de mesas donde familias y grupos de amigos comparten sus platos caseros y su vino canario. Todo el mundo va ataviado con el traje de mago —vestimenta tradicional y requisito obligatorio para participar—. En la Glorieta de San Francisco, frente al hotel, el escenario recibe a las orquestas que animan la fiesta hasta bien entrada la madrugada. Es una noche de diversión y baile.

La Romería de San Roque en Garachico

El día 16 empieza muy temprano. A las siete y media ya está la Fanfarria Juvenil despertando al pueblo, y a partir de ahí todo se encadena. Los actos se inician con la celebración de la eucaristía solemne de peregrinos en la plaza de San Roque. Luego los peregrinos, fieles y devotos acompañan a San Roque hasta la Parroquia Matriz de Santa Ana, en donde se celebra otra eucaristía. Al acabar se traslada la imagen en procesión hasta el Muelle. Cada tramo tiene su público fijo, su gente que se coloca siempre en el mismo sitio, como si el pueblo entero tuviera coreografiado dónde debe estar cada uno en cada momento del día.

 

A la una del mediodía, en la Plaza Ramón de Arocha, arranca la romería grande: carros engalanados, carretas, barcos de tierra, animales enjaezados y parrandas que cantan y bailan durante todo el recorrido acompañan al santo de vuelta hasta su ermita. Un desfile que mezcla lo sagrado con lo popular, porque en Garachico nunca han sido cosas separadas.

 

San Roque llega a su ermita entre ajijides, cánticos y una lluvia de cohetes que anuncia que ya está en casa. Y allí, a las puertas de la ermita, llega el momento que más se repite en la memoria de quien lo ha vivido varias veces: el baile de despedida, la imagen ya en su sitio y el pueblo bailando fuera, como si el santo también quisiera quedarse un rato más de fiesta antes de descansar hasta el año que viene.

La herencia invisible

Pregúntenle a cualquiera en Garachico por qué vuelve año tras año y nadie les dará una respuesta corta. No es solo devoción religiosa, aunque la hay, y muy honda. No es solo costumbre, aunque también pesa lo suyo. Lo que de verdad hace volver a la gente, mirando de cerca estos días, es que son el único momento del año en que el pueblo entero —los que se quedaron y los que se fueron— coincide en el mismo sitio, haciendo lo mismo que hicieron sus padres y sus abuelos.

 

Hay quienes llevan viviendo fuera de la isla veinte años y organizan sus vacaciones enteras alrededor de estas dos semanas. No vuelven por la playa. Vuelven por la fanfarria de las siete y media, por reencontrarse con los del Tajaraste, por el abrazo con alguien a quien no se ve desde hace un año y con quien la conversación se retoma exactamente donde se dejó. Hay una frase que se repite mucho por el pueblo esos días, casi como una contraseña: “¿tú también has vuelto?”. La respuesta siempre es que sí.

 

Con los niños pasa lo mismo que le pasó a cada uno de los que hoy son adultos. Se les ve correr detrás de las carretas de la Romería Chica, disfrazados de magos sin saber todavía muy bien el porqué, y se intuye que dentro de veinte años serán ellos quienes le expliquen a alguien de fuera por qué en Garachico el mes de agosto no se entiende sin San Roque. La devoción no se explica en una charla: se transmite viéndola, viviéndola al lado de alguien que ya la lleva dentro.

Si vienes este agosto...

Para quien lo vaya a vivir por primera vez, el consejo que da cualquiera de por aquí es siempre el mismo: venir unos días antes de la Romería para impregnarse del ambiente y participar en los diferentes actos con respeto, para sentir la devoción y la alegría con las que los habitantes de este pueblo viven estas fiestas.

 

Unas fiestas que son cita ineludible con su vecino más querido e ilustre: San Roque.

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