La casa palacio de los Marqueses de La Quinta Roja: historia y leyendas

 Hoy te invitamos a descubrir la historia de la edificación que acoge nuestro hotel: la casa palacio de los Marqueses de la Quinta Roja.

 

Esta casona emblemática se ubica en el corazón del conjunto monumental de la villa y puerto de Garachico, junto al antiguo Convento de San Francisco, la casa de los Condes de La Gomera (actual Casa de Piedra), el Ayuntamiento y a la Iglesia de Santa Ana, y constituye uno de los principales referentes históricos de todo el entorno urbano.

 

Nuestros muros han sido testigos privilegiados de más de cuatro siglos de historia de Garachico, que llegó a ser la puerta de Tenerife al mundo durante el siglo XV y XVI. 

 

Acompáñanos en un viaje en el tiempo para descubrir la historia de esta ilustre casa.

Glorieta de San Francisco von Casa Palacio La Quinta Roja
Glorieta de San Francico con el Hotel La Quinta Roja a la izquierda.

Nobleza obliga

La historia de nuestra casa comienza con el origen mismo de la Villa. Garachico fue fundado en 1496 por el banquero genovés Cristóbal de Ponte, quien recibió estas tierras como recompensa por su apoyo financiero en la conquista de la isla. Los Ponte no solo fundaron el puerto; establecieron un linaje de grandes propietarios que rigieron los destinos de la zona durante siglos y que aún siguen conservando peso en la economía local.

Ilustración de la escultura de Cristóbal de Ponte, fundador de Garachico, generada con IA
Ilustración de Cristóbal de Ponte, fundador de Garachico

Nuestra casa palacio fue construida por otra familia de la élite terrateniente, los Monteverde, que la levantaron en el siglo XVI, antes de pasar a los descendientes de los Ponte.

Fue reedificada en el siglo XVII por Cristóbal de Ponte y Llarena, el primer Marqués de la Quinta Roja, quien consolidó esta edificación, uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura doméstica tradicional del barroco canario en Garachico. La casona no fue afectada por la terrible erupción del volcán de Trevejo, en 1706, pero sufrió posteriormente un incendio de cierta entidad y tuvo que volver a ser reconstruida.

Esta fue la vivienda habitual de la familia del primer Marqués de La Quinta, quién también contaba con otras propiedades, como la hacienda platanera de de La Quinta Roja, con una hermosa casona rural que competía en belleza con esta, y que actualmente pertenece al Cabildo de Tenerife.

Los Monteverde y los Ponte formaban parte del selecto 1,7% de propietarios que controlaban la mayor parte de las tierras y el agua del municipio, un poder que se reflejaba en la suntuosidad de sus residencias.

Archivo de fotografía histórica de Canarias. Cabildo de Gran Canaria/Fedac

Las primeras "okupas" de Garachico

Una de las anécdotas más curiosas de nuestra historia ocurrió tras la fatídica erupción volcánica de 1706. Aunque la lava respetó la estructura básica de la casona, el destino tenía otros planes. En 1709, un pavoroso incendio destruyó el vecino Convento de San Francisco.

 

Por aquel entonces, ante la destrucción de la rada natural de Garachico por la erupción volcánica, el tráfico marítimo y el comercio se desplazó al puerto de Santa Cruz y de La Orotava (actualmente Puerto de la Cruz). Los comerciantes y los nobles, entre ellos la familia del marqués de La Quinta Roja, trasladaron sus residencias, quedando esta casa en desuso y perdiendo esta villa su peso económico.

 

Ante la emergencia, la comunidad de religiosas concepcionistas franciscanas se vio obligada a buscar un nuevo hogar, cediéndole el Marqués el uso de esta casa. Así fue como las monjas se convirtieron en las «primeras okupas» (en el sentido más cariñoso del término) de esta casa palacio. Lo que iba a ser una estancia temporal se prolongó durante 40 años (hasta 1749), transformando los salones nobles en espacios de oración y recogimiento mientras se reconstruía su convento.

Sor Martina, la monja buena

Del paso de las monjas por nuestra casa, queda una anécdota que ha sobrevivido al paso de los siglos, la de Sor Martina.

 

Martina nació en el pueblo de Chipude, en La Gomera, en 1650 en el seno de una familia humilde. Cuando era una niña, unos piratas moriscos apresaron a su madre, y su padre la envió a Garachico al cuidado de una prima hermana, sor María de San Pedro y Mejía, a la que le encomendó su educación.

 

En 1687 tomó los hábitos. Martina era una mujer especial ya que tenía la capacidad de prever hechos del futuro y destacaba por su bondad y amor al prójimo, lo que llegó a despertar envidia entre sus compañeras.

Ilustración de Sor Martina en Garachico generada con IA
Ilustración de Sor Martina

La hermana Martina falleció a los 93 años en la casa palacio de los Marqueses de La Quinta Roja, cuyo uso  le había cedido el marqués por la relación de amistad que les unía.

 

Al fallecer la enterraron en la propiedad, pero cuando las monjas se mudaron  trasladaron sus restos al convento para enterrarlos allí.

 

En la Iglesia del Convento, se encuentra la celosía que separa a las monjas de clausura del resto de fieles. Si levantas la vista, en el coro alto, aún se puede ver la reliquia del convento: el cráneo sin mandíbula inferior de Sor Martina.

 

Cuenta la leyenda que Sor Martina sigue apareciéndose de vez en cuando por los alrededores del hotel. Si te la encuentras no temas, es un espíritu bondadoso que sigue velando por los vivos, como hizo a lo largo de su vida.

De casa palacio y convento a hotel emblemático

Tras el paso de las monjas, la casa siguió en manos de  ilustres familias, hasta que a principios de los años 90 el Ayuntamiento de Garachico se la compró a sus últimos propietarios, la familia Cabrera Revilla, dentro de un programa de rescate del patrimonio y de la estrategia de reconversión de la economía de Garachico hacia el sector terciario para superar la crisis de la agricultura local.

 

Una vez en manos del Ayuntamiento, este recibió varias ofertas para la compra de este inmueble, de un inversor alemán y de un empresario grancanario.

 

En 1997 el hotelero José Moriana Santisteban, nacido en Garachico, junto a sus socios, cuatro arquitectos de la isla, adquirieron la casa palacio para acometer una larga y cuidada rehabilitación que le devolvió el esplendor perdido, transformándola en el acogedor hotel que hoy puedes disfrutar.

La rehabilitación de la casa palacio

La rehabilitación de este edificio, catalogado como bien de interés cultural, para su adaptación a su nuevo uso hotelero, fue un trabajo arduo que se extendió durante 4 años, entre proyectos, permisos y ejecución.

 

Había que mantener un delicado equilibrio entre la preservación histórica y la funcionalidad turística. Adaptar un edificio del siglo XVI a las necesidades de los viajeros del siglo XX.

 

Podemos afirmar que nos sentimos muy orgullosos de lo que logramos ya que conservamos el 80% de las maderas originales de tea del patio y los techos, se preservó intacta la escalera de piedra de inicios del siglo XVII, las ventanas de la fachada original, así como los artesonados de algunas habitaciones y elementos tan singulares como el aljiméz o las galerías.

Escalera de piedra del siglo XVI en Casa Palacio de La Quinta Roja en Garachico

Comprometidos con la conservación del patrimonio

Gracias a su reconversión en el Hotel La Quinta Roja, se ha garantizado la conservación de este valioso inmueble, que es uno de los referentes históricos del casco antiguo de Garachico.

 

Cada año reinvertimos parte de nuestros beneficios en su mantenimiento y conservación para que la historia y el alma de esta casa palacio siga viva.

La Quinta Roja, un hotel con alma

La próxima vez que entres en nuestro hotel detente un segundo a observar e imaginar cómo era la vida entre estos muros hace siglos, cuando el marqués vigilaba la llegada de los navíos desde el aljimez o las monjas de clausura rezaban en el patio.

 

Queremos pensar que parte de lo vivido entre estos muros permanece y nos emociona cuando los huéspedes nos describen la paz que sienten en nuestro patio.

 

La historia de nuestra casa y lo vivido en ella forma parte del alma de La Quinta Roja.

 

Te invitamos a que vengas a sentirla.